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En los años 80 era difícil imaginar que todos, incluso niños en edad escolar, podrían portar teléfonos para estar disponibles en todo momento, pero el mercado y la tecnología empujaron tan rápido que pasó de ser novedad a ser necesidad. De un momento a otro ya no era interesante decir “te estoy hablando desde la calle” para denotar que se hablada desde un celular. Lo mismo pasó con estar conectados a internet en todo momento y que hasta el kiosco de la esquina nos podía proveer de una señal de internet inalámbrica. La verdad es que todo eso llegó y pasó de novedad a ubicuidad en unos cuantos años. Si bien el Internet de las Cosas (IoT) aún no es ubicuo, la transición está ocurriendo de manera similar. Cada vez más dispositivos que antes no pertenecían a la red se están sumando como ampolletas y refrigeradores en el hogar, controladores y sensores en la industria. De hecho, la variedad de “cosas” conectadas cambia con la perspectiva de la empresa que los fabrica. Para Mattel Barbies, para Samsung es el refrigerador y las luces de la casa y para Ford es el auto. Y eso es solo para describir las más normales porque con un pequeño dispositivos (ESP8266 o equivalente que puede costar menos de 2 Dólares [1]), un par de sensores o actuadores y una pequeña batería, prácticamente todo se puede conectar a internet para compartir la información de uso, el estatus o para tomar acciones. Y con prácticamente todo, es prácticamente todo: Calcetines [2] y botellas de agua [3] son un ejemplo, lo que conduce a la producción de una infinidad de dispositivos “inteligentes” pero “tontos” en su diseño y aplicación.

“Según datos de CISCO [6], para el 2025 el número de dispositivos conectados alcanzaría los 50 mil millones”

Ian Hughes

Sin embargo todo esto marca una tendencia ya inevitable en cuanto a que la interconexión de dispositivos desde un nivel M2M (machine-to-machine) hasta IoT y han sido algunos los que han logrado ver y aprovechar el valor. La sensorización de diversos dispositivos y la posterior aplicación a un esquema de IIoT (Industrial-Internet-Of-Things) ha sido puesta a prueba por empresas como General Electric, 3M, Honeywell entre otras y sondeadas por la “American Society for Quality” (ASQ) indicando que la mayor visibilidad logra proveer en promedio un 82% mayor de eficiencia y una reducción de un 49% en productos defectuosos debido a fallas en maquinaria productiva [4]. Estos números no son para nada despreciables y eso que no considera la mayor visibilidad que se puede proveer a variables de consumo energético, rendimiento, benchmark, etc. [5] Es más, lo que se desprende en las aplicaciones ya desarrolladas por las industrias que lideran el espacio IIoT apuntan a las áreas de mejora de utilización de recursos, becnhmarking, mantenimiento productivo, eficiencia productiva, monitoreo de cambios, modelos de gestión y eficiencia operacional.

Según datos de CISCO [6], para el 2025 el número de dispositivos conectados alcanzaría los 50 mil millones, el 89% de los automóviles en el mundo van a estar conectados y la demanda por dispositivos con conectividad va a ser constante. Finalmente todo apuntaría a un mercado global de $USD 7.1 billones solo al 2020.

Si bien, el internet de las cosas ha pasado por una larga curva de experimentación en distintas áreas sin llegar a una masificación, el cambio está ocurriendo, y es solo cosa de tiempo para que nuestro entorno comparta información pasando a ser ubicuo, tal como lo son los dispositivos que manejamos constantemente sin realmente pensar en qué momento se apoderaron de nosotros. Quienes entiendan este cambio, van a  ser quienes lideren la industria en el futuro cercano.

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